No cae la lluvia que refresca,
No pare el cielo, los colores.
Por eso la noche es reina,
los hombres corren su dirección incierta,
en su prisión de números banales,
los tienen todo acomodado
en su caja frágil de papel billete,
acostados en sus lechos de oro miseria,
acumulando en sus bancos
el tiempo de su desdicha
perdidos para siempre
en un millón de fantasías;
si descubrieran
que no hay ganador
sin perdidos
Pobres, muy pobres,
Zambullidos en su afán teocrático.
Dormidos en las horas de sus placeres
Sepultados bajo los vicios del cuerpo,
Yo quiero ir allí donde se vive
La otra vida,
La verdadera,
Morder el pan duro
De la desolación junto a ellos,
Compartir la gotera,
Rascar el plato
Del hambre
Para que se me olvide
Que existe a mi pesar,
Hay una felicidad escondida
Dentro de la roca
Que se pica
Si fuese más fácil
No me conmovería
La vida fría.
La casa vacía,
Cinco manzanas
Para un capricho.
