Alma de quebracho, corazón de
pan.
Sobre la mesa de tu pueblo,
tu cosecha de amor,
tu caricia de harina nunca se
olvidará.
Amasando el cuerpo de un
crucificado
con la sonrisa firme de
corteza.
Andan diciendo que te han
visto
sirviendo a villanos y a
inocentes
El cuerpo caliente del Dios
vivo
¡Doña Adela!
Pan de dignidad,
abrazo cálido de horno
extrañando para siempre
el sabor casero de tu
entrega.