Me hago pequeño, breve ante ella.
Aplasta mi cabeza con su brazo impredecible
Descuartiza mi dignidad con dagas de adulación.
Aunque me esfuerce por escabullirme como un cobarde,
toma del cuello de mi abandono y destroza uno a uno
los pies de mi espíritu,
Por eso, él anda en silla de ruedas.
Cuando llegó altanera como un duque, como un noble
Agitó la impiedad de su manto
Y marchitó los plantines de mi jardín florido
Con su escupitajo de ácido mortecino.
Mirar sin temor lo adverso, no puedo,
termino por correr a los rincones
Del cuarto de mi esperanza.
Me pongo sus alas de quimera
E Imagino librarme de sus garras
Siniestras, asesinas,
Y la paz me inunda
Con su frescura de manantial procreador.
Ella germina luciérnagas que prometen ser luna
Y yo me guardo allí porque ya no hay lugar
En este salvaje planeta,
para un desolado,
para un pacifista,
para un provocador de justicia,
el hambre asfixia la bondad
y la ambición los mata,
un niño muerto y no hay eco,
una familia sin casas y no hay eco,
la inocencia violada en un templo y no hay eco
el egoísmo prófugo de su prisión de papel
hace estragos en el universo de las bestias.
La paz, un preso político en huelga de hambre
clamando a gritos su reclamo de libertad
