No me dejes,
sentado
a orillas del rio,
olvidando palabras tuyas,
arrastradas
por el olvido audaz,
mientras
huyes en creciente arriba.
No me
dejes,
cantando
bajito tu nombre de flor,
susurrándole
al recuerdo,
una
vieja canción vacía.
No me
dejes,
apagando
las velas
de aquella
anciana noche de alegrías,
buscando
las puertas,
de
aquella casa, de aquel nido.
No me
dejes,
sentado
en la calle del abandono
con
esta hacha de papel
Y este
cuchillo de hilo
porque
de nada me sirven
los
días si no traes tus soles;
de nada
me sirven las noches
sino
me besan tus lunas.
Una
galaxia de emociones
Se
desprenden de tu huida…
¡No me
dejes! ¡ Está oscuro!
Y
desde que te fuiste,
ya no
soy lumbre de nadie.
Desde
que te fuiste
ya no
soy alguien.

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